BOLETÍN
DIGITAL nº99 OCTUBRE -
2025
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“2000.
La vuelta del terror”
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El XXIII
Seminario Fernando Buesa que
organizan la Fundación de su nombre
y el Instituto Valentín de Foronda
recordará en esta ocasión el regreso
del terror que se produjo en el año
2000. El cuarto de siglo
transcurrido desde entonces permite,
no solo el recuerdo de un tiempo tan
fatídico, sino también la reflexión
y la valoración de todo lo que
ocurrió entonces.
La vuelta del terror, de la acción
terrorista de ETA, vino a
continuación del final de una
tregua establecida por la banda
para acompañar un proceso de
acumulación de fuerzas
nacionalistas. Una sociedad
exhausta y harta de violencia
recibió con expectativa una tregua
que, sin embargo, se soportaba en
una esperanza de paz a cambio de
logros soberanistas, así como de
una invisibilización de la
ciudadanía no nacionalista vasca.
El Acuerdo de Estella de las
fuerzas nacionalistas y los
compromisos de ETA con los
partidos que sostenían el Gobierno
Vasco fracturaron por completo la
sociedad y nos pusieron cerca de
esa comunidad dividida en dos
bandos a la que siempre aspiró el
nacionalismo más extremista.
En ese escenario, la violencia no
cesó. Primero, durante la tregua,
la continuidad de la kale borroka
se dispuso como complemento
recordatorio de que, en ausencia
temporal de terrorismo, la
coacción y la amenaza seguían
presentes, y dirigidas contra
quienes no se sometían al dictado
del momento: paz por soberanismo.
Después, rota esta, el terrorismo
regresó y lo hizo insistiendo en
la estrategia llamada de
“socialización del sufrimiento”
ensayada desde hacía un lustro:
asesinatos selectivos de gran
impacto, auténticos magnicidios
como los de Fernando Buesa, López
de Lacalle, Pedrosa, Jauregi,
Korta, Ernest Lluch… y otros
fallidos contra José Ramón Recalde
o Eduardo Madina, entre otros
muchos. Y todo esto, sin cesar en
los ataques y asesinatos de
representantes de esa parte de la
sociedad que se pretendía
invisibilizar y hacer callar:
concejales, representantes
políticos, magistrados, policías,
periodistas, intelectuales…
Aquellos
nefastos años que alumbró el
nuevo siglo fueron de dolor y
amenaza, de una impresión
constante de desplome de las
bases sobre las que se podía
soportar una sociedad habitable,
una comunidad compartida. Pero
la capacidad de resistencia de
aquella sociedad, de sus
miembros más decididos, junto
con una respuesta política,
judicial y policial, hicieron
también de ese temible instante
el inicio del final, porque
aquel fue, a la vez que el
repunte de una extraordinaria
violencia terrorista, el
principio del final de ETA.
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Centro de Investigación
Micaela Portilla
(Salón
de actos)
Campus de
Álava de la UPV/EHU
c/ Justo
Velez de Elorriaga, 1
01006 -
Vitoria-Gasteiz
Se cumple un
cuarto de siglo de aquel fatídico
2000, cuando ETA puso fin a su
tregua más prolongada y continuó
desplegando aquella letal estrategia
suya conocida como “socialización
del sufrimiento”. En aquel año la
banda terrorista asesinó a
veintitrés personas, y todavía en
2001 lo hizo a quince. No eran las
cifras horrorosas de los “años de
plomo”, ni siquiera las que se
sucedieron año tras año hasta 1992.
Sin
embargo, esa vuelta al terror se
produjo cuando la sociedad vasca y
española habían recuperado un
sentido moral que les llevaba a
considerar inaceptable cualquier
recurso a la violencia. Ocurrió
cuando la confrontación social con
los violentos se hizo descarnada e
inevitable al tomar estos a toda
la ciudadanía como enemiga
potencial.
Y lo
hizo cuando ETA resolvió poner en
marcha un fatídico plan con dos
vías paralelas: el asesinato
selectivo de referentes sociales
(políticos opositores,
magistrados, periodistas,
intelectuales y profesores) para
obtener más impacto social que el
logrado en sus crímenes “contra
uniformados”, y el amedrentamiento
ciudadano con una política de
acoso constante y ubicuo (la
llamada kale borroka).
Todo
ocurrió, también, mientras ETA
cambiaba la estrategia de desgaste
por otra de acumulación de fuerzas
nacionalistas para desplegar un
proyecto soberanista en el que la
tregua era una pieza más en su
intención de instalar su modelo
político por la vía de los hechos.
Así, pactó con el ejecutivo
autonómico y le forzó a obviar la
realidad de una ciudadanía no
nacionalista, convertida ahora en
perseguida e invisibilizada.
En ese
escenario desestabilizador y de
crispación social, diferentes
personalidades fueron asesinadas,
y con ellas se nos arrebató, no
solo lo que en sí mismas eran,
sino también la trayectoria que
podían haber seguido desarrollando
en defensa de un país plural y
decente.
El
seminario de este triste, trágico
y decisivo aniversario nos servirá
para reflexionar sobre lo que
contuvo aquel año, el caudal de
emociones y miedo que llevó
consigo, la amenaza de una
sociedad vasca escindida, la
responsabilidad política de
algunos grupos y la percepción
entonces de una vuelta al terror
que, luego lo sabríamos, fue en
realidad el auténtico principio
del fin de la banda.
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