El
XXIII Seminario de la Fundación
Fernando Buesa ha versado sobre la
escalada terrorista de ETA en el
fatídico 2000, año de la vuelta al
terror.
Han
pasado 25 años desde entonces, lo
que nos permite mirar con una mayor
perspectiva lo sucedido en aquel año
tan terrible. Los distintos expertos
participantes en este Seminario han
contribuido, sin duda, a analizar
este periodo tan negro, tanto desde
el punto de vista de los movimientos
que se produjeron en ETA y su
entorno social y político, como de
los cambios en la propia sociedad
vasca, que nunca, hasta ese momento,
estuvo más cerca de una fractura que
la convirtiera en una sociedad
escindida.
La
aprobación anterior de la ponencia
Oldartzen, con la que la izquierda
abertzale desplegó una estrategia de
“socialización de sufrimiento” para
extender “el conflicto” a toda la
ciudadanía, supuso la puesta en
marcha, mediante la kale borroka, de
acciones generalizadas de
amedrentamiento y acoso ciudadano.
Después,
la ruptura de la tregua por ETA, con
atentados selectivos dirigidos
contra representantes democráticos,
magistrados, militares y policías,
intelectuales y periodistas,
constituyó un desafío sin
precedentes al Estado de derecho, en
una pretendida demostración de
fuerza que, a la postre, no fue sino
el canto del cisne de la
organización terrorista, el
principio del fin.
Los
asesinatos de Fernando Buesa, José
Luis López de Lacalle, Juan Mari
Jauregui, Ernest Lluch y también de
otros tantos representantes
políticos locales, así como el
atentado contra José Ramón Recalde,
han llevado a hablar del año de los
magnicidios. Estas acciones
selectivas de la actividad criminal
de ETA fueron analizadas en
profundidad por los reputados
intervinientes en el Seminario.
La
aprobación del Pacto de Lizarra en
1998, que rompió con los principios
que inspiraron el Pacto de Ajuria
Enea y la unidad democrática frente
al terror, sustituyéndolo por la
acumulación de fuerzas nacionalistas
y la exclusión de los partidos no
nacionalistas, fracturó
dramáticamente la sociedad vasca.
En
el Seminario se analizó la respuesta
social, institucional, policial y
judicial a la ofensiva de ETA, así
como la reacción política mediante
el Pacto por las libertades y contra
el terrorismo, la aprobación de la
Ley de partidos y la posterior
ilegalización de los que apoyasen el
terrorismo. Esta respuesta múltiple
fue determinante para llegar al fin
de ETA. Es de reseñar la mesa de
representantes de los distintos
grupos políticos, protagonistas en
aquel tiempo fatídico, que dieron un
ejemplo de sinceridad, autocrítica y
respeto al diferente, que es de
agradecer en estos tiempos tan poco
propicios para el diálogo
democrático.
El
resultado final del Seminario nos
permite dibujar una lectura
plausible de lo que sucedió en aquel
trágico año, con el deseo de que no
se vuelva a repetir una experiencia
tan dramática y con la esperanza de
que ayude a abordar cuestiones no
resueltas en la expresión del
pluralismo social y político vasco.
Es
preciso recordar, por último, que en
aquel año 2000, el 3 de noviembre,
se constituyó la Fundación Fernando
Buesa Blanco Fundazioa. Durante
estos 25 años se ha mantenido el
legado que nos dejó Fernando Buesa,
asesinado por el totalitarismo de
ETA, en la defensa de los valores
democráticos. El lema de la
fundación, “El valor de la palabra”,
trata de ser un alegato contra la
violencia y la intolerancia, y a
favor del debate democrático en la
defensa de las ideas. La Fundación
Fernando Buesa seguirá, con más
fuerza si cabe, trabajando por la
memoria, la deslegitimación del
terrorismo y la educación en
valores.